Aldea de cristal 

Aldea de cristal 
13 marzo, 2020 Estela Teran
Estela Teran
Y la puerta oscura se cerró oprimiendo al planeta azul.
Su forma cóncava impide su apertura.
Hemos ajustado los pestillos a fuerza de proteger a nuestros hijos, criándolos en frágiles burbujitas individuales.
Estas, las burbujas, tomaron proporciones gigantescas convertidas ahora, en una esfera cristalina de ciencia ficción que nos atrapa y retrata nuestras miserias.
Es cuando el concepto de “aldea global” lo palpamos, lo entendemos mejor porque lo sufrimos.
No hay escapatoria ni huida.
Nos negamos a escuchar el latido de la Tierra y su calentamiento, como una verdad incómoda revelada hace algún tiempo y que se evidencia por los lujos, el consumismo, la desigualdad, el egoísmo, la adicción al confort, a la estética física, a los placeres desmedidos.
Es más, dejamos de escucharnos unos a otros y pasamos a imponer nuestros criterios como absolutos, causando enfrentamientos y destrucción en la vía pública.
Ahora deberemos aislarnos, tal como las islas de plástico flotantes, en medio de un océano que contempla perplejo la estupidez humana.
Hoy, encerrados en casa, reflexionamos el haber vivido en el encierro mental de nuestras angustias que nos ahogan en un vaso de agua, como ahogados respiran los enfermos.
Cae la bolsa de valores, como caídos estaban ya los nuestros.
Hoy, el pánico social corre por las calles y escarba en el supermercado, como niños hambrientos al escarbar inútilmente en el fango algo que comer.
Hoy, la ciudad vacía es como un espejismo de nuestro propio vacío.
Hemos cancelado nuestra capacidad de servicio y de donación a los más necesitados, porque eso es responsabilidad de los gobiernos; un dedo acusador que apunta a todos, menos a uno mismo.
“No hay tiempo”, dijimos, mientras en este momento, el reloj marca días, quien sabe horas.  Hoy sí, somos víctimas de nuestro propio sabotaje, de nuestros propios sobornos, de nuestra necedad.
Hemos empezado a vernos y a reconocernos quienes somos.
Nos hemos pillado desprevenidos y desnudos todos, a medio jabonarnos en la ducha.

 

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