El adiós de un emigrante: una herida vegetal

El adiós de un emigrante: una herida vegetal
26 febrero, 2020 Clara Laffaye
Clara Laffaye

Un viaje, una mudanza por algún tiempo y una estadía en la ciudad del sol es algo prometedor.

Basta con mirar alguna postal para darse cuenta de que el lugar es un paraíso.

Generalmente las emociones se mezclan entre el entusiasmo de lo nuevo y lo que vamos a dejar, estamos tan ocupados en hacer los preparativos que el tiempo pasa rápido y nuestros pensamientos giran entorno al viaje.

Te invito a detenernos un momento en ese Adiós, ese momento de despedidas, en ese preciso instante en donde abandonamos nuestra zona de confort y decidimos partir hacia una nueva aventura.

Entre lo nuevo y las tareas por hacer, hay poco lugar para soltar. Aunque a veces, lo que estemos dejando nos causa cierto pesar.

Teniendo en mente esto, me gustaría compartir lo que alguna vez leí sobre las heridas del ser humano, era algo así: el ser humano sufre dos tipos de heridas, la herida animal y la herida vegetal.

La herida animal es aquella que sangra, en donde algo se rompe y se sana recuperando el estado anterior.

Ahora, la herida vegetal, en la cuál quiero detenerme, hace referencia a las heridas que se dan en las plantas, es decir la marca de una rama rota.

La planta no tiene ninguna posibilidad de que esa rama vuelva a su lugar.

La rama cortada caerá al suelo, será abono, pero no volverá.

La planta sufrirá una reorganización de toda su energía que le va a permitir crecer en otras direcciones. La planta se va a fortalecer en otra dirección, cambia el rumbo de su crecimiento, se transforma.

Me pregunto si el emigrante que llega a esta isla sufre este tipo de herida vegetal, casi como una auto-poda.

Una decisión más o menos compleja de dejar su lugar con la esperanza de desarrollarse en otra dirección.

Esta autopoda es lo que llamo “el decir adiós del emigrante”.

Esta poda es necesaria antes de florecer en otro lugar, aunque también dolorosa.

Este adiós es un proceso de cortar algunas ramas y agradecer el abono que dará la energía para florecer en un nuevo rumbo…

 

 

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